En octubre de 2019, indígenas, estudiantes y trabajadores paralizaron Ecuador en rechazo a las políticas de austeridad del presidente Lenín Moreno. Dos años después, esos mismos actores enfrentaron una segunda vuelta presidencial entre Guillermo Lasso, un banquero conservador, y Andrés Arauz, candidato correísta que prometía revertir las medidas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aun así, la principal organización indígena del país, la CONAIE, llamó a votar nulo. En contraste, en junio de 2022, tras meses de protestas multitudinarias contra el gobierno de derecha de Iván Duque, sindicatos, colectivos feministas y organizaciones juveniles en Colombia respaldaron a Gustavo Petro en la segunda vuelta presidencial. ¿Qué explica que, ante contextos de movilización algunos actores movilizados decidan apoyar electoralmente a las izquierdas y otros opten por distanciarse?
El apoyo electoral de actores movilizados es uno de los canales mediante los cuales las protestas pueden incidir en el cambio político (McAdam y Tarrow Reference McAdam and Tarrow2010). En América Latina, se ha sostenido que las movilizaciones crearon condiciones propicias para los triunfos de las izquierdas (Ellner et al. Reference Ellner, Munck and Sankey2022), pero el momento electoral en sí —cuando los actores deciden respaldar o no a determinadas candidaturas— ha sido poco explorado. Este artículo se centra en ese momento decisivo, donde afinidades ideológicas no siempre se traducen en apoyo en las urnas.
Este distanciamiento no es evidente si se considera el trasfondo histórico e ideológico de la región. Desde la elección de Hugo Chávez en 1998, América Latina vivió una primera ola de gobiernos de izquierdas que transformaron telúricamente la composición ideológica del ejecutivo (Levitsky & Roberts Kenneth, Reference Levitsky and Roberts Kenneth2011; Pachano Reference Pachano2021). Esta oleada —con Lula da Silva en Brasil, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, entre otros— fue conceptualizada como un giro a la izquierda (Castañeda Reference Castañeda2006; Luna y Filgueira Reference Luna and Filgueira2009; Weyland Reference Weyland2009), y tuvo como común denominador la lucha contra la desigualdad y la búsqueda de la (re)distribución de la riqueza (Torrico Terán y Solís Delgadillo Reference Torrico-Terán and Solís-Delgadillo2020; Bogliaccini y Madariaga Reference Bogliaccini and Madariaga2024). En muchos casos, esas victorias fueron antecedidas por protestas, motivadas tanto por el rechazo al neoliberalismo (Silva y Rossi Reference Silva and Rossi2018; Cepeda Másmela Reference Cepeda Másmela2019) como por demandas étnicas y territoriales (Van Cott Reference Van2005). El precedente sugiere que, ante escenarios similares de movilización, los actores movilizados tenderían a respaldar candidaturas que se inscriban en ese legado redistributivo.
Después de un declive asociado al fin del superciclo de commodities y a la derrota de varios gobiernos, la izquierda volvió a posicionarse en América Latina tras la pandemia del COVID-19. Andrés Manuel López Obrador en México (2018), Alberto Fernández en Argentina (2019), Luis Arce en Bolivia (2020), Xiomara Castro en Honduras (2021), Gabriel Boric en Chile (2022) y Gustavo Petro en Colombia (2022) representan esta segunda oleada. Al igual que en la primera, varias de estas victorias fueron precedidas por estallidos sociales: Chile y Ecuador en 2019, Perú en 2020, Colombia en 2019 y 2021. Las protestas expresaron demandas redistributivas e identitarias, evidenciando entre otras cosas la polarización (Kessler y Vommaro Reference Kessler and Vommaro2024), pero —a diferencia del ciclo anterior— no condujeron necesariamente a alianzas estables entre actores movilizados y coaliciones electorales de izquierdas.Footnote 1 En algunos casos, los vínculos fueron cooperativos, mixtos o conflictivos. Esta variación es el punto de partida para indagar qué condiciones facilitaron o inhibieron el respaldo electoral de estos actores movilizados en la contienda presidencial a coaliciones de izquierdas.
Para abordar esta pregunta, es necesario delimitar conceptualmente a los sujetos involucrados. Este artículo propone la categoría de actores movilizados. A diferencia de los movimientos sociales, estos actores pueden no compartir una identidad común, una agenda definida ni vínculos organizativos estables (Della Porta y Diani Reference Della Porta and Diani2011). Su acción tiende a ser episódica, fragmentaria y, en muchos casos, reactiva frente a coyunturas críticas. En estos estallidos confluyeron organizaciones tradicionales —como sindicatos, estudiantes o indígenas— junto con individuos y grupos de participación más efímera, con niveles variados de organización y formación política, no necesariamente vinculados a estructuras previas, como los barristas (Asún et al. Reference Asún, Rdz-Navarro and Tintaya Orihuela2020).
Este artículo propone una explicación procesual del apoyo electoral de actores movilizados a coaliciones de izquierdas. A partir de la comparación de episodios en Ecuador, Perú, Chile y Colombia, se reconstruyen procesos causales. En particular, se examina cómo la inclusión programática de demandas y la existencia de relaciones de cooperación o conflicto entre actores movilizados y candidaturas de izquierdas configuran trayectorias diferenciadas de alineamiento electoral.
Al analizar episodios comparables en los que actores movilizados enfrentaron dilemas de alineamiento frente a coaliciones de izquierdas, el artículo aporta a la comprensión de las relaciones entre movilización social y representación electoral en América Latina. Más que identificar regularidades generales, propone una explicación contingente y relacional del respaldo electoral, centrada en procesos causales observables y configuraciones específicas. En términos metodológicos, utiliza un método de rastreo de procesos de testeo de teoría dentro de un diseño de comparación de casos múltiples.
Movimientos sociales y apoyo electoral
El estudio sobre movimientos sociales y partidos políticos ha transitado caminos diferentes en las ciencias sociales (Porta et al., Reference Della, Donatella, Kouki and Mosca2017; Anria Reference Anria2024). Sin embargo, algunas investigaciones han articulado estos dos cuerpos de literatura para analizar las relaciones entre movimientos sociales y partidos, principalmente, en lo que se ha definido como “partidos de movimiento”, esto es, partidos que tienen conexiones organizativas y externas con movimientos sociales. Por ejemplo, se han analizado las condiciones bajo las cuales los movimientos sociales se han aliado con partidos o los han fundado (Della Porta y Diani Reference Della Porta and Diani2011). En particular, se ha señalado que los partidos de izquierdas han sido los aliados tradicionales de los movimientos sociales progresistas, y que los programas de las izquierdas han cambiado siguiendo las interacciones con los movimientos sociales. Además, en contextos de inestabilidad y competitividad electoral, el apoyo de los movimientos sociales se vuelve relevante y la alianza entre estos y los partidos se facilita (Porta et al., Reference Della, Donatella, Kouki and Mosca2017).
La mayoría de las investigaciones comparadas respecto a interacciones entre movimientos sociales, gobiernos y partidos de izquierdas en Latinoamérica se han centrado en el análisis del primer giro a la izquierda (Stoessel Reference Stoessel2014; Pachano Reference Pachano2021; Ellner et al. Reference Ellner, Munck and Sankey2022; Anria et al Reference Anria, Bentancur, Rodríguez and Rosenblatt2022). Por ejemplo, se ha estudiado la incorporación de los movimientos sociales a la burocracia (Perelmiter Reference Perelmiter2012) utilizando conceptos como cooptación, activismo burocrático, institucionalización y autonomía (Abers y Tatagiba Reference Abers and Tatagiba2015; Abers Reference Abers2019; Longa Reference Longa2019; Springerová y Vališková Reference Springerová and Vališková2021; Longa Reference Longa2024). De hecho, en la región se ha estudiado la formación y posterior ascenso al gobierno de estos partidos-movimientos, tales como el Partido de los Trabajadores en Brasil y el MAS en Bolivia (Anria Reference Anria2013, Reference Anria2016). Así como las conexiones entre actores movilizados y su apoyo a las derechas latinoamericanas (Gold y Peña Reference Gold and Peña2021).
Una parte de la discusión se ha centrado en el voto castigo a los oficialismos en la medida en que los electores castigan el mal desempeño de la economía (Campello y Zucco Reference Campello and Zucco2016; Basabe-Serrano y Barahona Reference Basabe-Serrano and Barahona2017). Al respecto, se ha señalado que los cambios entre gobiernos de izquierdas y derechas no necesariamente obedecen a la consolidación de la fuerza contraria, sino a votos castigo a los oficialismos, como el caso de Mauricio Macri y el kirchnerismo en Argentina (Anria y Vommaro Reference Anria and Vommaro2020), Sebastián Piñera y Gabriel Boric en Chile (Chaguaceda y Camero Reference Chaguaceda and Camero2022), y el Frente Amplio y Luis Lacalle en Uruguay (Queirolo Reference Queirolo2020). Sin embargo, se considera que esta explicación es limitada para comprender el apoyo de actores movilizados a las izquierdas en su desempeño electoral, primero porque no se está analizando la derrota del oficialismo; en segundo lugar, a pesar de que los países experimentaron la pandemia y sufrieron sus consecuencias económicas, no en todos los países latinoamericanos los actores movilizados apoyaron las candidaturas de las izquierdas.
Pocos trabajos examinan cómo los actores movilizados apoyan a las coaliciones de izquierdas en las elecciones. Al respecto Pino-Uribe y Cely (Reference Pino-Uribe, Marcela Cely, Botero, García and Wills-Otero2018) muestran que los actores movilizados pueden ser renuentes a involucrarse en la lucha electoral por la desconfianza a candidatos. Si bien la literatura sobre las recientes movilizaciones en Ecuador, Perú, Chile y Colombia presenta las relaciones entre movimientos sociales y proyectos de izquierdas, no profundiza en las dinámicas de cooperación y conflicto entre ellos. Por ejemplo, se ha señalado que mientras en Colombia, Chile y Perú, las coaliciones de izquierdas contaron con el apoyo de los actores movilizados (Sankey y Tauss Reference Sankey and Tauss2022; Aguilera y Espinoza Reference Aguilera and Espinoza2022; Sosa et al. Reference Sosa, Menjívar and Almeida2022), en Ecuador, estos mismos se abstuvieron de apoyarlas (Bustamante Ponce y Medina Pérez Reference Bustamante-Ponce and Medina Pérez2021; Polga-Hecimovich y Sánchez Reference Polga-Hecimovich and Sánchez2021; Sánchez Reference Sánchez2022).
En Argentina, se han estudiado las alianzas y conflictos entre los movimientos y los gobiernos kirchneristas, así como los realineamientos de esta relación para oponerse al gobierno de Macri (Longa Reference Longa2019; Gené y Vommaro Reference Gené and Vommaro2023). En contraste, en Ecuador, durante el gobierno de Moreno, no se produjo tal alianza, ya que la relación entre el movimiento indígena y el correísmo estuvo marcada por la confrontación (Freidenberg Reference Freidenberg2012).
Ahora, una tendencia para comprender esta relación ha explorado nuevos clivajes que podrían influir en las preferencias políticas de los actores movilizados y en la agenda programática de los partidos. Estos incluyen temas como el ecologismo, el feminismo, la diversidad sexual, el multiculturalismo, entre otros (Bustamante Ponce y Medina Pérez Reference Bustamante-Ponce and Medina Pérez2021; Daguerre Reference Daguerre2022). También se ha investigado cómo los proyectos electorales de izquierdas interactúan y a menudo entran en tensión con las demandas feministas, LGBTIQ+ y ecologistas en elecciones (Chaguaceda y Camero Reference Chaguaceda and Camero2022).
Este estudio se inscribe en estas dos últimas líneas de investigación, destacando el carácter contingente de las relaciones entre actores movilizados y coaliciones de izquierdas. Además, se detecta un vacío en la literatura, pues se ha explorado de forma insuficiente las razones del apoyo de actores movilizados a coaliciones de izquierdas en las segundas vueltas presidenciales desde una perspectiva comparada. Esto resulta importante dado que es en estas instancias donde se redefine la oferta electoral y, por ende, las posibilidades de apoyo de los actores movilizados.
Conflicto-cooperación e inclusión programática
Para comprender la relación entre actores que participaron en movilizaciones sociales antes de las elecciones presidenciales y las alianzas electorales con coaliciones de izquierdas en Latinoamérica, es importante considerar que las relaciones de los movimientos sociales con partidos obedecen a procesos dinámicos y forman parte de un sistema más amplio de alianzas y conflictos (Della Porta y Rucht Reference Della Porta and Rucht1995; Rucht Reference Rucht, Snow, Soule and Kriesi2004; Rich Reference Rich2020).
Rucht (Reference Rucht, Snow, Soule and Kriesi2004) plantea que las relaciones entre movimientos sociales y actores políticos se configuran en sistemas de alianzas y conflictos. Un sistema de alianzas se conforma cuando se establece una relación de respaldo, donde los actores políticos y sociales se reconocen como interlocutores legítimos, se abren canales de comunicación y se intercambian recursos u oportunidades. Por el contrario, un sistema de conflictos emerge cuando alguna de las partes —o ambas— busca obstaculizar, debilitar o confrontar al otro, ya sea por divergencias programáticas, trayectorias enfrentadas o conflictos previos. Estas relaciones pueden reconfigurarse en el tiempo. Rucht advierte que en estos sistemas pueden desplegarse acciones estratégicas tanto de cooperación como de conflicto, y que estas no son exclusivas ni permanentes. Las relaciones cooperativas se dan cuando existen objetivos, estrategias u oponentes compartidos; las relaciones conflictivas, cuando los intereses divergen o se perciben como incompatibles.
Con base en lo anterior, proponemos que los sistemas deben entenderse como relaciones bidireccionales en las que los movimientos sociales y las coaliciones de izquierdas construyen, disputan o rechazan vínculos de apoyo y oposición. Estas dinámicas se expresan empíricamente en tres dimensiones. Primero: los posicionamientos discursivos, que se observan en los comunicados públicos donde los actores movilizados y las coaliciones de izquierda se refieren mutuamente, identificando expresiones de apoyo o conflicto. Segundo: la trayectoria social y política de los líderes, específicamente la de los binomios presidenciales. Esto implica analizar sus trayectorias organizativas y políticas previas, que revelan su extracción, experiencia política, origen y afiliaciones, y su pertenencia, cercanía o distancia con los liderazgos o bases de los actores movilizados. Tercero: la articulación electoral que se refiere a la inclusión o exclusión de actores movilizados en listas legislativas, comités programáticos de campaña y/o en la fórmula vicepresidencial. Estas dimensiones permiten rastrear los observables empíricos que adoptan la cooperación y el conflicto.
Para el caso de las relaciones entre actores movilizados y coaliciones electorales de izquierdas para las elecciones presidenciales en el periodo 2021–2022 en Latinoamérica, se plantea que pueden analizarse a la luz de la propuesta teórica del sistema de alianzas y conflictos. Específicamente, se propone que el apoyo de actores movilizados podría darse si, por un lado, hay una inclusión programática de las demandas materiales y postmateriales de los actores movilizados en la propuesta electoral de izquierdas; y, por otro, que el apoyo depende de las relaciones de conflicto endógenas y exógenas de los actores movilizados respecto a los candidatos. Es decir, si hay un conflicto hacia la alianza electoral de derecha (exógeno) se podría dar el apoyo al candidato de izquierda, pero si el conflicto es más fuerte con las coaliciones electorales de izquierdas o algunas de sus figuras (endógeno), el apoyo de los actores movilizados no está asegurado a pesar de la inclusión programática.
Profundizado el análisis es pertinente reconocer que los conflictos políticos van más allá de la dicotomía entre “aliados” y “rivales”. Esto hace necesario identificar no solo los conflictos exógenos, que se manifiestan en la confrontación con actores externos de ideologías opuestas, sino también los conflictos endógenos que surgen entre actores con cierta proximidad ideológica. Los conflictos endógenos, resultado de divergencias en perspectivas, objetivos o métodos a lo largo del tiempo, subrayan la fluidez de las identidades de los actores y de sus relaciones de cooperación y conflicto que estructuran la competencia por el poder. Esto es relevante en contextos electorales, y más aún en escenarios de segunda vuelta, donde se intensifican estas diferencias en momentos donde la búsqueda de unidad se torna crítica.
Ahora bien, nuestra propuesta teórica expone que la relación entre actores movilizados y coaliciones de izquierdas más que ser automática es contenciosa y contingente. En primer lugar, los partidos de izquierda tradicional han priorizado la inclusión de demandas de corte material, pero los actores movilizados han exigido la inclusión de nuevos temas postmateriales, lo que puede provocar tensiones entre estos actores. Estas tensiones no son novedosas, pero siguen siendo actuales en las relaciones entre movimientos sociales y partidos de izquierdas. Como lo expuso Inglehart (Reference Inglehart1971), los valores de las sociedades occidentales industrializadas cambiaron desde un énfasis en el bienestar material y en la seguridad personal, hacia las identidades y la calidad de vida. Aunque los países de Latinoamérica no han satisfecho sus necesidades materiales, también han surgido demandas basadas en valores postmateriales como identidades de género, diversidades sexuales, memoria histórica, reivindicaciones étnicas y ambientales. Es decir que, en muchos casos, las movilizaciones combinaron demandas materiales y postmateriales. Se propone que la inclusión de los dos tipos de demandas por parte de las coaliciones electorales de izquierdas influyó en el apoyo de los actores movilizados en las elecciones presidenciales.

Figura 1. Mecanismo causal del apoyo/no apoyo electoral a coaliciones de izquierda.
Con base en lo anterior, se espera que las coaliciones de izquierdas que incluyeron estas demandas materiales y postmateriales tuvieran mayor éxito en conseguir el apoyo de los actores movilizados. Por otro lado, las coaliciones que tenían agendas tradicionales centradas en las necesidades materiales y no ampliaron sus plataformas programáticas para incorporar valores postmateriales recibieron un apoyo parcial o no recibieron el respaldo por parte de estos actores.
Sin embargo, la política latinoamericana no solo opera bajo una lógica de inclusión programática, sino también por dinámicas personalistas donde cobra relevancia la percepción hacia líderes (Ortiz-Ayala y García-Sánchez Reference Ortiz-Ayala and García-Sánchez2014). Así, el apoyo a un candidato puede surgir por afinidad programática y también por conflicto con el oponente. Además, incluso si una coalición de izquierda integra demandas de actores movilizados, si cuenta con un líder que conflictúa con ellos, este apoyo puede verse comprometido. En este marco se propone que las relaciones de cooperación y conflicto entre coaliciones de izquierdas y actores movilizados se han enmarcado en el tiempo como “conflictivas” cuando hay interacciones marcadas por tensiones y confrontaciones por políticas y/o ideologías. “Mixtas” cuando hay relaciones donde coexisten elementos de cooperación y conflicto, donde existe un apoyo electoral a pesar de la existencia de una relación conflictiva, con acuerdos en ciertas áreas y desacuerdos en otras. Por último, “cooperativas” cuando hay relaciones colaborativas, donde las coaliciones de izquierda y los actores movilizados trabajan para lograr agendas compartidas.
El argumento tiene como momento gatillante los estallidos sociales. Los actores movilizados, que incluyen jóvenes, mujeres, LGBTIQ+, grupos étnicos, sindicatos y ciudadanía no organizada, llevaron a cabo protestas en las que plantearon demandas materiales y postmateriales. Los actores de estas movilizaciones y sus demandas adquirieron relevancia durante el proceso electoral.
En el contexto de la contienda electoral puede presentarse, por parte de las coaliciones de izquierdas, una inclusión programática de las demandas que se expresaron e hicieron relevantes en los estallidos sociales previos, lo que pudo incidir en el apoyo de los actores movilizados frente a las coaliciones de izquierdas que participaron en las elecciones presidenciales. Aunque puede existir una secuencia entre la inclusión programática y las acciones estratégicas de cooperación y conflicto, no hay una relación temporal ni determinante entre ellas, ya que una puede anteceder a la otra o pueden generarse simultáneamente para crear la condición resultado: apoyo o no apoyo a la coalición electoral de izquierdas.
El argumento se testea mediante rastreo de procesos. Este enfoque sostiene que la inclusión y los distintos tipos de conflicto (endógeno o exógeno) constituyen una condición insufficient but non-redundant part of an unnecessary but sufficient condition (INUS). Esto significa que son componentes que, por sí solos, resultan insuficientes, pero son necesarios dentro de una configuración que, aunque no es la única posible, sí es suficiente para explicar por qué un actor movilizado opta por apoyar a un proyecto político de izquierda en una segunda vuelta en lugar de abstenerse de participar.
Esta investigación contribuye a la discusión de las relaciones entre movimientos sociales y partidos de izquierdas como dinámicas de cooperación o conflicto. Para ello, se realizan principalmente dos aportes en perspectiva comparada. El primero es avanzar en la comprensión de las formas en las cuales los actores movilizados deciden apoyar a coaliciones de izquierdas; en segundo lugar, que la dinámica de apoyo o conflicto no es contingente a una elección, ni se agota en una alineación ideológica, sino que está estructurada en la historia de encuentros y desencuentros entre actores.
Metodología
La selección de los casos se basa en un diseño de máxima similitud. Estos países comparten características institucionales, sociales y económicas: son países con sistemas presidencialistas, Estados unitarios y enfrentaron desafíos similares durante la pandemia. Además, experimentaron episodios de movilización. Sus economías, dependientes de las materias primas, se vieron afectadas por las fluctuaciones de la demanda global. Esta base común habilita un análisis comparativo enfocado en la variabilidad tanto del fenómeno de interés —el apoyo de actores movilizados a proyectos de izquierdas— como en los factores explicativos: inclusión programática y acciones de cooperación y conflicto. Esto permite examinar la presencia del proceso y sus componentes, ofreciendo una perspectiva sobre las dinámicas que pueden influenciar la decisión de los actores movilizados de apoyar coaliciones de izquierdas. El análisis comparado utiliza el rastreo de procesos de comprobación de teorías (Beach y Pedersen Reference Beach and Brun Pedersen2019). El momento gatillante de los procesos se centra en la coyuntura crítica que inició las movilizaciones.
En los casos se analizan las dos vueltas presidenciales para estudiar cómo los actores movilizados cambian o no su apoyo a las coaliciones de izquierdas o se abstienen de darlo. Por lo cual se reconstruye las relaciones de conflicto, cooperación y mixtas, así como las de inclusión programática en primera y en segunda vuelta. A partir de esto, el artículo se enfoca en segundas vueltas, ya que es cuando el electorado se enfrentan a tres opciones: votar por la candidatura A, votar por la candidatura B o no apoyar a ninguna de las dos (ya sea mediante la abstención, el voto en blanco, el voto nulo o el voto no marcado). La segunda vuelta presidencial delimita la oferta electoral para los actores movilizados y los obliga a elegir un bando o a no participar en la elección.
Tabla 1. Mecanismo, actores, acciones y evidencia

El argumento analizado se desglosa en tres componentes. Inicialmente, se enfoca en discernir las demandas, materiales como postmateriales, reivindicadas por los actores en el periodo de movilizaciones. La identificación de estas reivindicaciones se realizará mediante el análisis de prensa, comunicados y publicaciones en plataformas digitales de los actores movilizados. Debido a la dificultad de rastrear el voto de los actores movilizados individuales por el voto secreto, consideramos que es más viable empíricamente rastrear a actores movilizados que viabilizan su acción colectiva a través de organizaciones que expresan públicamente su apoyo o rechazo a los candidatos en disputa, proporcionando orientación a sus miembros sobre cómo votar.
El segundo componente se bifurca en dos fases: la primera examina cómo las coaliciones de izquierdas integran, o no, estas demandas en sus propuestas de campaña, basándose en los programas de los candidatos. La segunda fase se centra en identificar las acciones de conflicto y cooperación de los actores movilizados respecto a la coalición de izquierdas y el candidato opositor, estas acciones se rastrean a través de comunicados de los actores frente a la coalición de izquierdas. Finalmente, el tercer componente del argumento identifica la decisión de los actores movilizados de apoyar o no a las coaliciones de izquierdas, a través del análisis de comunicados y la identificación de reuniones donde se manifestó la adhesión política.
Actores movilizados y campañas presidenciales
Actores y movilizaciones sociales
El estallido social en Ecuador comenzó en octubre de 2019. Tras separarse del modelo estatista y postneoliberal que se había construido bajo los gobiernos de la “Revolución Ciudadana”, el presidente Moreno comenzó a implementar unas políticas de austeridad económica siguiendo las recomendaciones del FMI. Una de estas políticas fue el Decreto Presidencial N° 883 que eliminaba el subsidio a los combustibles. Esto generó un malestar en la sociedad que protestó contra el gobierno a través de huelgas, plantones, obstrucción de carreteras, etc. Las movilizaciones fueron encabezadas por transportistas y luego se unieron estudiantes, indígenas, mujeres, sindicatos, barras de fútbol y ciudadanía no organizada, siendo la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) la organización más destacada en el liderazgo del paro. Las movilizaciones fueron de tal magnitud que el presidente debió trasladar la sede del Gobierno de Quito a Guayaquil (El Universo 2019). Tras varios días de paro, y después de realizar un diálogo, el gobierno de Moreno llegó a un acuerdo con los manifestantes y derogó el Decreto N° 883 (El Comercio 2019).
En el caso de Chile las movilizaciones iniciaron en octubre de 2019 por la subida del precio del pasaje del metro en Santiago. Estas protestas se extendieron por el país y reflejaban insatisfacción con el gobierno de Piñera. Las demandas giraron alrededor de temas de pensiones, salud, desigualdad, educación, entre otras (Castiglioni Reference Castiglioni2020; Joignant y Garrido-Vergara Reference Joignant and Garrido-Vergara2025). Estas lograron articularse alrededor de los problemas del neoliberalismo en la sociedad de la postdictadura y la necesidad de una nueva constitución. Si bien el gobierno de Piñera convocó a una “nueva agenda social” el 21 de octubre de 2019, no se desactivaron las movilizaciones, de hecho, el 25 de octubre se dio la movilización más grande desde el regreso a la democracia (BBC News Mundo 2019). Debido a la crisis se llegó al acuerdo del 15 de noviembre donde se acordaron las reglas de juego para iniciar un cambio constitucional (DW 2019).
En el caso peruano, las movilizaciones en 2020 se presentaron a raíz de la declaratoria de vacancia presidencial por incapacidad moral del presidente Martín Vizcarra después de un juicio político ante el Congreso (BBC News Mundo 2020). Luego de la destitución, fue designado como presidente Manuel Merino, por ser el presidente del Congreso. Después de la destitución, diversos grupos de personas marcharon hacia el centro de Lima. Igualmente, en sectores residenciales se realizaron “cacerolazos” y “bocinazos”. Posteriormente, se convocó a marchas nacionales realizadas el 12 y el 14 de noviembre (La República 2020). Finalmente, la crisis desencadenó la renuncia de Merino el 15 de noviembre (El País 2020a). También se evidenciaron demandas postmateriales, debido a que en las marchas de las semanas siguientes los manifestantes pidieron una nueva constitución y justicia para las víctimas (El País 2020b).
Por su parte, en Colombia los sindicatos convocaron a movilizaciones en noviembre de 2019 debido a la propuesta de reforma tributaria promovida por el gobierno de Iván Duque. Sin embargo, las demandas abarcaban temas económicos, sociales, tributarios, oportunidades para los jóvenes, defensa del proceso de paz y prevención de la violencia política. En el 2020, se presentaron protestas el 9 de septiembre a raíz de denuncias de abuso policiales en Bogotá, las cuales fueron reprimidas. Luego, el 28 de abril de 2021, a raíz de una nueva propuesta de reforma tributaria, el Comité Nacional de Paro convocó a una movilización que tuvo gran acogida. Las protestas se mantuvieron varios meses y el gobierno se vio obligado a retirar la reforma.
Inclusión programática en las coaliciones presidenciales
Las movilizaciones generaron crisis que fueron la antesala de las elecciones presidenciales. En ellas, los candidatos a segunda vuelta representaban proyectos de izquierdas, como Andrés Arauz en Ecuador, Pedro Castillo en Perú, Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia. Por otro lado, sectores que representaban opciones políticas de derechas postularon a figuras como Guillermo Lasso en Ecuador, Keiko Fujimori en Perú, José Antonio Kast en Chile y Rodolfo Hernández en Colombia.
En Ecuador la candidatura de izquierda no logró ganar la presidencia. En las elecciones de 2021 Arauz fue el candidato presentado por el “correísmo” para disputar la presidencia (Meléndez y Moncagatta Reference Meléndez and Moncagatta2017). En la primera vuelta obtuvo el 32.72 por ciento de los votos, por lo que se tuvo que realizar una segunda vuelta entre él y Lasso. En el balotaje él obtuvo 47.64 por ciento de los votos y Lasso el 52.36 por ciento.
Tabla 2. Actores y motivos de las protestas

Arauz incorporó demandas postmateriales en su Plan de Gobierno, por ejemplo: “Justicia igualitaria para las mujeres y los grupos excluidos”, “Justicia intergeneracional (niñxs, jóvenes, adultxs mayores y ecuatorianxs futurxs)” y “Justicia decolonial, plurinacional e intercultural”. Además, en relación con las demandas de octubre de 2019, el programa también incluía una mención a los acuerdos económicos a los que Moreno había llegado con el FMI y cómo estos afectaban el futuro de Ecuador. De igual manera, este programa apuntaba a un mayor rol del Estado en la economía, inversión social, fortalecimiento del sector público y planificación estratégica (Arauz Reference Arauz2021).
En el caso de Perú, la primera vuelta presidencial se realizó el 11 de abril de 2021 y la segunda vuelta el 6 de junio. Castillo, candidato de Perú Libre, exlíder del Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú ganó la presidencia con el 50.12 por ciento de los votos. Las propuestas de Castillo abordaban temas de acceso universal a la vacuna contra el COVID-19, a la educación, lucha contra la corrupción e inversión estatal a nivel local y regional. El nexo con las manifestaciones de 2020 se evidenció en la propuesta de reforma constitucional que priorizaba los derechos humanos (La República 2021). Sin embargo, el programa de gobierno no hizo ninguna referencia a diversidades sexuales ni al feminismo (Castillo Reference Castillo2021).
En Chile, Boric fue elegido con el 55.87 por ciento de los votos. En la campaña propuso un Estado feminista, con reconocimiento indígena y apoyo al proceso constitucional paritario y con participación indígena (T13, dir., 2021). Igualmente, su programa expresaba un apoyo explícito al cambio constitucional, al fortalecimiento de la educación pública, la salud, la vivienda y las pensiones (Boric Reference Boric2021). Asimismo, reconocía una serie de acciones de memoria, verdad y reparación postdictadura (Boric Reference Boric2021). En el caso de esta candidatura se evidenció una inclusión de las demandas de las movilizaciones de 2019. Además, su programa esbozaba temas de reivindicaciones y propuestas postmateriales, tales como: “transición ecológica justa”, “Sistema Nacional de Cuidados”, “Pueblos originarios y tribal afrodescendiente”, “Reconocimiento de identidades”, “Inclusión y discapacidad” (Boric Reference Boric2021), entre otras.
En Colombia, Petro fue elegido con un 50.44 por ciento de los votos en segunda vuelta. En su programa incluyó propuestas relacionadas con las reivindicaciones de los paros de 2019 y 2021, por ejemplo: “justicia tributaria con impuestos progresivos y equitativos”, “educación pública, gratuita y de calidad para niños, niñas y jóvenes”, “Salud para la vida y no para el negocio”, “derecho a la pensión para dignificar la vida de los adultos mayores”, “Garantías para las y los defensores y líderes ambientales”, “Políticas de protección y fortalecimiento de líderes sociales y movilización social” y “Una Policía civil para la vida y la seguridad humana”. El programa incluyó propuestas, que si bien no fueron demandas de las movilizaciones, hacían parte de las reivindicaciones postmateriales tales como: la creación del ministerio de la igualdad, bases para la transición energética, prohibición del fracking, el sistema nacional del cuidado, entre otras (Petro Reference Petro2022).
Tabla 3. Reivindicaciones en las propuestas presidenciales

Conflicto y cooperación entre los actores movilizados y las coaliciones de izquierdas y derechas
Las coaliciones de izquierdas y los actores movilizados han tenido trayectorias marcadas tanto por la cooperación como el conflicto. Arauz representó la continuidad del correísmo, un período caracterizado por tensiones con movimientos indígenas debido a políticas extractivas y represivas. Aunque incluyó las demandas de estos grupos en su plataforma, los desencuentros históricos mostraban una relación conflictiva. En contraste, Boric demostró una relación de cooperación, especialmente con feministas y estudiantes. Su activismo desde sus días como líder estudiantil hasta su carrera política evidencia una historia de relaciones cooperativas con estos actores.
Castillo, con un fuerte respaldo de sectores rurales y educativos, evidenció una relación mixta (Servindi 2021). Su liderazgo en protestas educativas y laborales como líder sindical le permitió cooperar con campesinos e indígenas, aunque mantuvo una relación conflictiva con movimientos feministas y diversidades sexuales. Esta dinámica refleja una relación mixta donde sus compromisos políticos se alinearon con algunos actores movilizados, mientras que otros quedaron marginados. Finalmente, Petro cooperó con sindicatos, estudiantes, indígenas y ambientalistas. Aunque tuvo relaciones conflictivas con las feministas, hizo esfuerzos en la segunda vuelta para cooperar con estas últimas. A continuación, se mostrará como las relaciones de cooperación, mixtas y conflictivas condicionan el apoyo de los actores movilizados en cada uno de los casos (Tabla 4).
Tabla 4. Tipo de relación histórica de actores movilizados con coaliciones de izquierdas

En Ecuador, Arauz cooperó con organizaciones LGBTIQ+ (Federación Nacional de organizaciones LGBTI del Ecuador, 2020), estudiantes universitarios (Andrés Arauz [@ecuarauz] Reference Arauz Galarza2021) y organizaciones indígenas (El Comercio 2021). Pese a incluir demandas postmateriales y reivindicaciones de las movilizaciones, Arauz mantuvo una relación conflictiva con la CONAIE. En primera vuelta la CONAIE, a través de Pachakutik, su brazo político, apoyó como candidato presidencial a Yaku Pérez, el cual no pasó a segunda vuelta. En el balotaje, Pachakutik y la CONAIE invitaron a sus militantes y seguidores a dar un “voto nulo ideológico” para no apoyar a Lasso ni Arauz, una decisión también influida por un marcado factor emocional negativo hacia el correísmo (CONAIE [@CONAIE_Ecuador] 2021; Hurtado y Pereira López Reference Hurtado, Pereira López, Rivera-Otero and Lagares2022).
Ahora bien, para determinar por qué la CONAIE se abstuvo de apoyar a Arauz en segunda vuelta hay que mencionar la disputa que esta ha tenido con el correísmo (Santillana Ortiz y Terán Ávalos Reference Santillana-Ortiz and Terán-Ávalos2022). Desde la primera presidencia de Correa la discusión sobre el extractivismo distanció a gran parte del movimiento indígena del correísmo. También el gobierno reprimió líderes indígenas y ecologistas, además terminó el comodato de un edificio que el Estado le había concedido a la CONAIE para que funcionara como su sede (Muyolema Reference Muyolema2015; Moncagatta y Pazmiño Reference Moncagatta and Pazmiño2025).
Mientras que para el correísmo Moreno era un traidor, Pachakutik fue cercano por algunos periodos a dicho gobierno (Ramírez Gallegos Reference Ramírez2021). En algún momento Correa llegó a mencionar que los enemigos del proyecto político de la Revolución Ciudadana eran el “izquierdismo, ecologismo e indigenismo infantil” (Correa Reference Correa2009, 5), mientras que líderes de la CONAIE categorizaron al correísmo de “izquierda institucional” y calificaron a su proyecto político como estado-céntrico y “hermano bastardo” del neoliberalismo (Iza et al. Reference Iza, Tapia and Madrid2021).
En Perú las relaciones de Castillo con los actores movilizados fueron mixtas. En el caso de indígenas y campesinos con demandas materiales esta relación fue cooperativa, mientras que con feministas y LGBTIQ+ hubo relaciones conflictivas al no incluir sus demandas postmateriales y estigmatizarlos en primera vuelta. Esto cambia en segunda vuelta, ya que feministas y LGBTIQ+ se centraron en el conflicto exógeno hacia el fujimorismo, donde alertaban que abstenerse permitiría el retorno del fujimorismo. La segunda vuelta permite ver que la campaña de la coalición de izquierda ganadora no realizó intentos de incorporación y la decisión del apoyo por estos actores fue tomada unilateralmente por el conflicto con el fujimorismo y, aunque Castillo fue respaldado a su vez siguió siendo criticado por estos sectores quienes le reclamaron por su desconocimiento respecto a sus reivindicaciones (LaMula. Pe Reference LaMula2021).
El conflicto determinante para el apoyo fue el exógeno. La candidatura de derecha en segunda vuelta estuvo representada por Fuerza Popular, encabezada por Keiko Fujimori. En Perú, aunque no existen grandes partidos, persiste una tendencia política antifujimorista, opuesta a su doctrina económica, legado conservador y escándalos de corrupción (BBC News Mundo 2021). Por eso, en la segunda vuelta de 2021, se registraron pronunciamientos como el de Verónika Mendoza, candidata de la izquierda progresista en primera vuelta, quien afirmó: “No está en juego solamente la victoria del profesor Castillo, sino que tenemos la responsabilidad histórica de ponerle un freno al autoritarismo, a la mafia y al pasado” (Noriega Reference Noriega2021). También hubo manifestaciones de feministas: “El fujimorismo es sin duda lo peor para las mujeres y rechazamos tajantemente el uso que hace de nuestras luchas. ¡No hay feminista fujimorista!” (LaMula. Pe Reference LaMula2021).
En Chile se observa una articulación entre actores movilizados en el paro de 2019 y la coalición electoral de Boric. Algunos de estos movimientos fueron los de mujeres (El País 2021), estudiantes y profesores (Colegio de Profesores de Chile 2021) y pro-constituyentes (Independientes No Neutrales [@NoNeutrales] 2021). Algunas organizaciones que se adhirieron a la campaña invitaron a sus miembros y simpatizantes a apoyar la apuesta política de Boric. Este fue el caso de la Coordinadora Feminista 8M (Coordinadora Feminista 8M 2021), la Asociación Movimiento Nacional de Recicladores de Chile (Gabriel Boric Font [@GabrielBoric] Reference Boric2021), la Confederación de Trabajadores del Cobre (Confederación de Trabajadores del Cobre 2021) y La Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH [@Confech] 2021).
El conflicto exógeno se expresó en las elecciones chilenas a partir de la figura de Augusto Pinochet. Principalmente porque Kast, miembro de la Acción Republicana, sostuvo una apuesta programática que hacía apología al pinochetismo (Luna & Rovira Kaltwasser, Reference Luna and Rovira Kaltwasser2021). Este programa iba en contra del cambio de la Constitución y el aborto libre. Además, Kast desde su juventud había respaldado temas relacionados con la dictadura, incluso había hecho campaña en el plebiscito a favor de la continuidad de Pinochet.
En Colombia se observa una articulación entre los actores movilizados y la coalición electoral de Petro. Se encontró que los sindicatos que lideraron las manifestaciones de 2019 y que participaron en las del 2021 apoyaron esta apuesta política (CUT Comunicaciones 2022; Confederación de Trabajadores de Colombia CTC [@ctccolombia] 2022; fecode [@fecode] 2022; @usofrenteobrero 2022). En la campaña se evidenciaron apoyos de sectores movilizados, su vicepresidenta Francia Márquez venía de procesos de movilización social, étnica y ambiental; además, hubo reuniones con feministas (France 24 2022; Viejas Verdes [@viejas_verdes] 2022), juventudes (La Tinta 2022), indígenas (Mesa Permanente de Concertación Indígena—MPC [@MPCindigena] 2022), redes trans (Red Comunitaria Trans [@redcomunitariat] 2022) y barras de fútbol (Futboleros por el CAMBIO [@FutbolerosYC] 2022), entre otras organizaciones que respaldaron esta candidatura. De hecho, la articulación de los actores movilizados y Petro se expresó también en la composición de la lista al Congreso, en donde había candidaturas de los movimientos sociales, tales como Cumbre Agraria, Consejo Regional Indígena del Cauca, Ríos Vivos, Movimiento por el Agua y la Vida, USO y Sindicato de Educadores de Santander.
El conflicto con Álvaro Uribe y el Centro Democrático tuvo un papel en la elección. Este enfrentamiento con algunos actores movilizados se remonta a su gobierno en 2002, principalmente por denuncias de violaciones a los derechos humanos. En el balotaje pasaron Petro y Hernández, dos candidatos ajenos al uribismo. Sin embargo, el uribismo respaldó a Hernández por su oposición a Petro. A su vez, Petro logró atraer respaldos por el apoyo del uribismo a Hernández y gracias a las reuniones que sostuvo con actores que habían criticado su candidatura en la primera vuelta (Oquendo, Reference Oquendo2022).
Tabla 5. Apoyo de actores movilizados a las coaliciones de izquierda.

Conclusiones
En este artículo argumentamos que la decisión de apoyo por parte de los actores movilizados está mediada por la inclusión programática y las acciones de cooperación y conflicto. El estudio comparado evidenció que no hay una condición INUS, en la medida en que una de sus partes, la inclusión programática, no es necesaria y suficiente para lograr el apoyo de los actores movilizados. En los dos casos, donde no se presenta el resultado esperado, el conflicto exógeno en el caso peruano y endógeno en el ecuatoriano parecería ser suficiente para explicar la forma en que los actores decidieron apoyar o no hacerlo.
Las interacciones entre coaliciones de izquierdas y actores movilizados presentan relaciones de cooperación, conflicto y mixtas. En Ecuador, la relación entre Arauz y los actores movilizados fue conflictiva debido a las tensiones con el correísmo, lo que resultó en la falta de apoyo de la CONAIE. En Chile, Boric promovió una relación cooperativa con actores movilizados. En Perú, Castillo estableció una relación mixta con los actores movilizados. Aunque cooperó con campesinos e indígenas, su interacción con feministas y diversidades sexuales fue conflictiva. Sin embargo, el conflicto hacia el fujimorismo ayudó a consolidar el apoyo de estos actores. En Colombia, la relación de Petro con los actores movilizados también fue mixta. A pesar de algunas tensiones, especialmente con feministas en la primera vuelta, Petro hizo esfuerzos en la segunda vuelta para mejorar la inclusión de estas demandas.
Los casos de Colombia y Chile confirman parcialmente las expectativas teóricas, en tanto en ambos países jugaron un papel importante la inclusión programática de las demandas de los actores movilizados y la existencia de conflictos exógenos con candidatos que representaban o eran cercanos a las derechas. Por su parte, en Ecuador la inclusión programática no fue condición suficiente para que todos los actores movilizados apoyaran la candidatura de Arauz. Aunque este candidato incluyó este tipo de demandas en su propuesta programática, algunos de los actores movilizados, dado su conflicto con Correa, no apoyaron su campaña. Por su parte, el caso peruano demuestra que la inclusión programática no es condición necesaria para recibir el apoyo de los actores movilizados. En este caso, el conflicto con el fujimorismo fue lo que impulsó a que los actores movilizados apoyaran la candidatura de Castillo en segunda vuelta, a pesar de que este candidato no incluyó de forma amplia sus demandas.
Este estudio ofrece una perspectiva comparada innovadora sobre las dinámicas de cooperación y conflicto entre actores movilizados y coaliciones de izquierdas en América Latina, resaltando que estas relaciones no son automáticas ni uniformes, sino que varían desde relaciones cooperativas hasta conflictivas, pasando por relaciones mixtas, entendidas como un punto intermedio donde coexisten elementos de cooperación y tensiones. En particular, los resultados sugieren que los tipos de conflictos —tanto endógenos como exógenos— desempeñan un papel importante en la decisión de los actores movilizados de apoyar a una coalición de izquierdas en las elecciones presidenciales. Futuras investigaciones podrían analizar los factores que transforman relaciones de conflicto en cooperación, como la mediación, incentivos programáticos o amenazas externas compartidas. Además, podría replicarse en otros países presidencialistas.
Agradecimientos
Agradecemos los comentarios que recibimos por parte de colegas en el V Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales 2022 (Uruguay), en la conferencia de Latin American Studies Association 2023 (Canadá) y en el Congreso Nacional de Ciencia Política de Colombia (2023). Asimismo le damos gracias al equipo editorial y a los evaluadores, sus sugerencias y observaciones nos permitieron mejorar y corregir el manuscrito.




